Acción Juridica



“…el papel del derecho, pues depende de una relación

de fuerzas en el conflicto social. En manos de los grupos

dominantes, constituye un mecanismo de preservación y de

reconducción de sus intereses y finalidades, en manos de los

grupos dominados, un mecanismo de defensa y contestación

política…”

(Carlos María Cárcova).
 Qué distinto me resulta escribir estas líneas si lo comparo con lo que día a día uno realiza en el ejercicio de la profesión de abogado.La preparación universitaria nos deposita un esquema rígido destinado a generar el convencimiento del sujeto que decide, para así lograr la declaración estatal de que nuestra verdad es válida en contraposición con otra. Con estos párrafos que brindo no creo tener del otro lado una persona buscando hacer valer otros
intereses, ni que me encuentro en el medio de una contienda. Al menos no me
siento así. No debo probar mis dichos, no intento convencer de nada, busco contar una experiencia de la cual no existe doctrina o jurisprudencia en la que
me pueda apoyar, más allá del marco teórico que nos acompaña en el camino
que venimos haciendo.

   Al terminar esa preparación académica, espera para nosotros un mercado
laboral de alta competencia donde hasta la propia justicia violenta los derechos de los trabajadores. Grandes estudios (representantes de los intereses dominantes) aprovechan las ganas y las necesidades de un recién recibido para llevar adelante una maraña de conflictos judicializados (laborales, civiles, defensa del consumidor entre otros) que permite a las empresas usuarias del servicio profesional financiar su giro comercial con el dinero de trabajadores, consumidores o pequeños proveedores.

   Ante esto reaccionamos. Y esa reacción nos ha llevado a buscar formas
alternativas a la defensa de los derechos de las personas dándonos una primera aproximación a través de las asesorías populares barriales. Estos espacios nos permitieron ver que las problemáticas consultadas no eran casos aislados sino que eran situaciones de vulneración de derechos generales. Vivienda, trabajo, violencia institucional daban un marco problemático para el cual no tenía incidencia la defensa individual de los derechos y nos obligaba a activar otros mecanismos de resguardo para los sectores populares y una nueva formación académica y teórica que deberíamos buscar por nuestros propios medios.

   En esa búsqueda nos encontramos que la Universidad (al igual que el Estado) no es un bloque homogéneo en el cual todos los sujetos que la componen son iguales. Y por algunas grietas emerge una universidad alternativa a la formal, con un alto nivel de participación estudiantil que permite abrir un panorama mucho más amplio en cuanto al ejercicio de la profesión. Este importante aporte nos obliga a la constante participación en esos espacios de disputa académica que permita la aparición de más abogados/as populares.

   Estos ámbitos de intercambio de conocimiento nos han abierto las puertas a
otras experiencias que nos invitan a soñar con que un mundo mejor es posible, a la vez que nos muestran el trabajo colectivo, la organización horizontal, la interdisciplina y el compromiso político como algunas de las herramientas centrales para despertar y que el sueño sea realidad.

   Pero cuales son los roles que venimos desarrollando en la sociedad? La herida dejada por la última dictadura militar ha absorbido el compromiso de la mayoría de los compañeros abogados en los proceso de memoria, verdad y justica tan necesarios, pudiendo los restantes sólo actuar en mecanismos de defensa o contestación frente a la violencia institucional y la criminalización de la pobreza y la protesta social ejecutadas por un aparato represivo estatal que la democracia no ha podido frenar.

   Hoy la coyuntura cambia y vemos que nuestras estrategias deben cambiar. Y es ahí, donde empezamos a buscar ese cambio y donde nos vemos hermanados a las organizaciones sociales y políticas nacidas, potenciadas o estimuladas por el proceso del país pos 2001. Y con ellos vamos: Politizando la demanda social para romper con la estructura burocrática estatal, en la cual los derechos de los oprimidos van en caracol y los de los opresores montados a una liebre.

Estimulando la organización como herramienta de contrapeso frente al poder.
Y construyendo la estrategia de lucha con “el defendido”, que ya deja de ser
alguien que acude buscando contratar un servicio, para transformarse en un
compañero que codo a codo la irá luchando.

   Los desafíos que encontramos en el camino abierto por la acción jurídica popular nos estimulan y nos obligan a continuar poniendo el derecho a disposición de los sectores oprimidos, para que se constituya verdaderamente en una herramienta para el cambio social que anhelamos y que constituye nuestro horizonte final.


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