Cultura plebeya




“Robar un banco es delito, pero más delito es fundarlo”.


                                                                Bertolt Brecht






   Donde haya opresión, habrá resistencia. Donde haya una injusticia cometida contra cualquiera en cualquier lugar del mundo, habrá resistencia. Habrá mujeres y hombres dispuestos a defender la libertad, como sea, utilizando los métodos que sean necesarios, al punto de arriesgar su propia vida, dejando de lado el bienestar individual, para dejar hasta su sangre en la lucha por la libertad.


   Gijón los ve partir. El vapor que los lleva a América está chillando. Es hora de la salida. La madrugada ve a cuatro jóvenes españoles partir a un exilio no elegido. No deseado. El deseo es destruir a la monarquía española, la lucha por la libertad, por la construcción del socialismo, del comunismo anárquico. Los cuatro jóvenes parten hacia México. Prometen volver pronto. La historia estará aguardando su llegada. Volverán para ser parte viva de la historia de su pueblo.


   El vapor los llevara a México y desde allí comenzaran un periplo por varios países de nuestra América. El grupo de “Los solidarios” pasarán de México a Cuba, donde sus acciones comienzan a ser recurrentes y de gran impacto. Desde La Habana parten a Chile, anclándose en Valparaíso, para desde allí partir definitivamente a Bs. As.


   Ellos están listos. “Los solidarios” han tomado la decisión. Los cuatro jóvenes, un poco nerviosos, entran torpemente a la estación Las Heras, en pleno barrio de Palermo. Es 18 de octubre de 1925. Ellos vienen armados. Su objetivo es llevarse la recaudación de todo un día de trabajo en la estación. El accionar de los cuatro jóvenes es prolijo, sin violencia. Con un marcado acento español piden la recaudación. Los empleados del tren dicen que no está, que ya la han depositado en la caja fuerte. Nuevamente un acento español exige que la abran. No se puede. La llave se la ha llevado el jefe. La acción estaba terminada, no había posibilidades de abrirla. Los cuatro jóvenes se dispersan. Dos de ellos salen por el lado derecho de la estación. Los otros dos saltan el mostrador y uno de ellos se lleva una bolsa de monedas como único botín. Se fugan corriendo por la calle de entrada a la estación.


   La bolsa de monedas tenía tan sólo 38 pesos. 38 pesos en moneditas de diez centavos. 380 moneditas de diez centavos. Los pistoleros de las 380 moneditas de diez centavos. Cuatro jóvenes españoles. Anarquistas. Anarquistas expropiadores. Jóvenes que su único propósito era la lucha por la libertad, la lucha por construir un mundo nuevo, libre, en donde el hombre no sea el lobo del hombre. Una lucha sin cuartel, pero también sin recursos, ni potencias mundiales que respalden un accionar. La expropiación como respuesta a un sistema represivo y cruel donde se vale lo que se tiene. La expropiación como el motor de financiación para la lucha. Derrocar a la monarquía española, derribar la dictadura de Primo de Rivera.


   La policía esta desconcertada, sólo se han llevado del asalto al tren de Palermo 38 pesos. Pero lo que más desconcierta a la policía porteña es el marcado acento español que los empleados del tren reconocieron en sus asaltantes. La policía sabe que el operativo desplegado por los del acento ibérico no les fue suficiente. Mientras esperan un nuevo ataque comenzarán una investigación que los llevará a descubrir a los asaltantes.


   “Los solidarios” atacarán de nuevo. Una vez más se verán en problemas por el accionar de la policía y la poca recaudación del botín. Esta vez con disparos: un oficial de la policía cae muerto. La caja fuerte no se abre. Los anarquistas cubren la retirada a balazos. La sangre está en el ojo de la policía porteña. Los ácratas habían ido demasiado lejos.


   Una semana después del frustrado asalto, esta vez en la ciudad de San Martin, se sucederá uno de los hechos policiales más recordados de aquella época. Siete desconocidos se bajarán de un auto en movimiento frente al Banco de San Martin, cinco de ellos ingresarán con sus revólveres y los otros dos se apostaran con carabinas sobre el auto atravesado en la puerta del banco. Usarán antifaces. El trabajo será rápido.


   La voz ronca del español nacido en León indica que “al que se mueve se lo baja”. Se llevan todo lo que hay en las cajas. 64.000 pesos. La retirada se cubre a balazos, como se solía hacer en cualquier asalto de los expropiadores. Así pasarán días enteros hasta que se vuelva a saber de ellos. La policía pone a trabajar a sus “sabuesos”, “perros policías”, que en pocos días se encargarán de detener, encerrar y en muchos casos torturar a militantes libertarios buscando información. Nadie hablará. Serán las policías de México y Barcelona las que pondrán en alerta a la milicada porteña con quienes estaban tratando.


   El grupo de expropiadores, lograra escapar del cerco policial. De regreso a Europa serán detenidos en Francia en un intento de atentado al rey de España Alfonso trece. Los milicos porteños y el poder político y judicial pedirán su extradición, la sangre del oficial muerto todavía quiere ser vengada por los milicos. El gobierno francés no aceptara y serán dejados en libertad.


   El grupo de “los solidarios” fue nada más ni nada menos que el grupo de anarquistas expropiadores que durante buena parte de la década del 20’ llevó adelante Buenaventura Durruti, “el demonio de la burguesía”,” el ángel vengador de los pobres”, el que salvó a Madrid llegando de Zaragoza, con una columna de cientos de hombres a sus órdenes, para derrotar a un ejercito regular preparado para la guerra y la opresión. El defensor de Barcelona. Delegado general de la CNT-FAI, el héroe de Cataluña. La columna Durruti, cientos de milicianos, obreros guerrilleros, que veían en Buenaventura la figura del líder obrero intachable, entregando su vida en cada momento por la causa revolucionaria.


   Buenaventura Durruti militante, obrero mecánico en el ferrocarril y trabajador del carbón, junto a los hermanos Ascaso y Gregorio Jover nunca más pisaron la argentina. Su lucha partió a otras tierras, pero todos ellos supieron dejar su legado en la Argentina de los años 20’ para todo el movimiento anarquista expropiador, partidario de la acción directa contra la burguesía. Su legado también recorrió por siempre España, aquel país que los vio nacer, irse y volver a dejar sus vidas por la liberación de los de abajo, de los oprimidos, de los explotados.


   “Estamos destinados a heredar la tierra. Renunciamos a todo, menos a la victoria”1.


Ropa interior para una muda, dos pistolas, unas gafas de sol y unos prismáticos. Eso es todo lo que Buenaventura Durruti dejó al morir.


1- Revista Sudestada, año 7. Numero 66. Marzo del 2008.

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